La sala era grande y blanca, muy blanca, semejante a esas cosas que nos sirven para masticar cuando no tienen bichos, placas, mugre, sarro. Las paredes-persianas-muebles blancos, la mesita con instrumentos blanca, el sillón blanco, el vasito para hacerse buches, blanco. El delantal del señor Odontólogo UBA-UCA, blanco, al igual que el de la señorita que se dedicará a aspirar la sangre con una aspiradorita blanca, conectada mediante un tubito blanco a un repositorio de sangre mierda sarro de pacientes anteriores. Todo era blanco, en contraposición con las oscuras intenciones de estos dos sádicos personajes. Hasta pretendieron que me ria de sus inoportunos chistes, que fue la forma en que eligieron para indicarme que no sólo me sacarían dos muelas, sino que también la comida, el alcohol, el deporte y hasta el sexo (?).El sillón era cómodo, seguramente con la intención de que uno no se escape instantáneamente de la sala. Ni bien terminaron con sus chistes, y la anestesia terminó de dormirme la cara, comenzaron a inspeccionarme la boca, para darse cuenta de que habría que mandar cuchillo para sacar la muela. Con algún instrumento diabólico comenzaron a serruchar hasta que la sangre empezó a llegarme a la garganta. Al instante se pusieron unas gafas que les cubrían media cara, lo cual me dio un poco de miedo. “Señor, no tengo lugar” decía la ayudante, ya que la aspiradorita no entraba entre el cuchillo, y las demás cosas que tenía en mi boca, lo cual hacía que cada tanto tenga la agradable sensación de ahogarme en mi propia sangre. “No tengo lugar, no tengo lugar… te parecés a mi ex“.
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